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La bolillera comienza a cercar a la soja

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La segunda generación de la plaga podría coincidir con el estado más susceptible del cultivo, el reproductivo; por lo que daños potenciales serían mayores. Además, preocupa que, al estar muy cerca de finalizar su ciclo biológico, la plaga tenga una importante incidencia en el inicio de la próxima campaña de soja.

La aparición de bolillera en esta campaña fue alertada en el mes de noviembre pasado (1er generación) y, con las variaciones lógicas, estuvo presente con niveles leves y en algunos casos moderados en gran parte de la región pampeana.

Dicha presencia en estados vegetativos de la soja requirió medidas de control, según zonas, aunque la presión de esta plaga por lo general no haya sido muy significativa.

Niveles hídricos deficientes (aunque sin llegar a ser severa) y de altas temperaturas, continuaron siendo favorables o predisponentes al desarrollo de la plaga durante los meses de diciembre y enero. Por tal razón, no debiera descartarse un inminente incremento de adultos de Helicoverpa gelotopoeon (bolillera), en varias zonas dentro de la región pampeana.

Según destaca el sistema de altera de plagas del INTA Pergamino, esta eclosión de adultos de bolillera, si así ocurriera, quizás sean de niveles no demasiado altos (es solo una estimación), o sea que podrían corresponder a cantidades moderadas de adultos en la mayoría de las zonas. 

Pero lo más preocupante no es solo la cantidad de bolillera que se genere en esa segunda generación de larvas en campos de soja, sino la coincidencia de su presencia con el estado más susceptible del cultivo a la plaga: el estado reproductivo. Estado crítico en el que la plaga puede infringir su mayor potencial de daño e impacto en la producción.

Problema potencial para la campaña siguiente

Pero… ¿qué otra consecuencia podría tener una próxima generación de bolillera? Muy simple, explica el Ingeniero Nicolás Iannone, coordinador del Sistema de Alertas del INTA. “Si se diera otra generación, ésta llegaría a terminar su período larval al final del ciclo de la soja (primera y segunda)”.

Por lo tanto, importantes cantidades de larvas de bolillera se transformarán en pupas en un momento avanzado del ciclo del cultivo y, sobre todo, al finalizar el ciclo de la plaga para el núcleo pampeano. Las bolilleras, al final de su período larval, estarán en condiciones de prepararse para hibernar en el suelo hasta la primavera siguiente o inicio de la próxima campaña de soja.

Así, la aparición de bolillera en el estado reproductivo de la soja es doblemente preocupante: no solo por su gran potencial de daño en vainas y granos, sino también porque la plaga al estar muy cerca de finalizar su ciclo biológico, se transformará en poblaciones de pupas remanentes que se constituirán, a futuro, en una muy peligrosa situación hacia el inicio de la siguiente campaña sojera.

En otras palabras, para decirlo más claramente: la población remanente (pupas hibernantes de bolillera) será una “plaga a plazo fijo”, lista para comenzar a impactar ni bien arranque la próxima campaña, destacaron desde el INTA.

Lo más lamentable del caso, es que aún intentando manejar la plaga haciendo tratamientos de control durante la presente campaña, más allá de evitar el impacto actual, solo podríamos reducir o minimizar la densidad de la población remanente. 

Ello es debido a que los tratamientos de control, por mejores que sean, normalmente están lejos de lograr muy alta eficiencia en cultivos bien desarrollados (estados reproductivos). Y más aún, como con cualquier plaga, resultará imposible adscribir con éxito a la pretensión surrealista de lograr la eficiencia máxima absoluta del 100 %.

 

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